domingo, 4 de noviembre de 2018

Teodora, emperatriz de las mujeres



Nació en Constantinopla (actual Estambul) en 501, falleciendo en la misma ciudad 48 años después. De orígenes poco se conoce, algunos cronistas sostienen que ejerció de acróbata de circo en África y su matrimonio con Justiniano le permitió acceder con él a la corona imperial.
Cuentan que disponía de una gran inteligencia y energía, desempeñó un papel determinante en la resolución de la grave crisis de la revuelta de la Nika, en el 532, que estuvo a punto de costar el trono a Justiniano. Teodora supo mantener la sangre fría y convenció a su marido de que la situación no estaba perdida: en efecto, las tropas del general Belisario fueron capaces, mediante una sangrienta actuación, de sofocar el motín popular.
Con ello, Teodora se convirtió en una de las personas con mayor influencia sobre el emperador, y en uno de sus principales apoyos. Inspiradas por ella aparecieron leyes que defendían la igualdad de la mujer, el derecho al divorcio, la prohibición de castigos por adulterio, el reconocimiento hacia los hijos bastardos y la defensa de sus derechos de herencia, la imposición de penas para los violadores, la posibilidad de abortar y la prohibición de la prostitución forzosa. Además, se encargó de crear planes de rescate para jóvenes que habían sido prostitutas, rehabilitándolas para otros oficios. Tambien promulgó leyes que permitieran que las mujeres pudieran ser propietarias y heredar sumas de dinero o propiedades y además mejoró el sistema de atención a la salud femenina.


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