Nació en
Constantinopla (actual Estambul) en 501, falleciendo en la misma
ciudad 48 años después. De orígenes poco se conoce, algunos
cronistas sostienen que ejerció de acróbata de circo en África y
su matrimonio con Justiniano le permitió acceder con él a la corona
imperial.
Cuentan
que disponía de una gran inteligencia y energía, desempeñó un
papel determinante en la resolución de la grave crisis de la
revuelta de la Nika, en el 532, que estuvo a punto de costar el trono
a Justiniano.
Teodora supo mantener la sangre fría y convenció a su marido de que
la situación no estaba perdida: en efecto, las tropas del general
Belisario
fueron
capaces, mediante una sangrienta actuación, de sofocar el motín
popular.
Con
ello, Teodora se convirtió en una de las personas con mayor
influencia sobre el emperador, y en uno de sus principales apoyos.
Inspiradas
por ella aparecieron leyes que defendían la igualdad de la mujer, el
derecho al divorcio, la prohibición de castigos por adulterio, el
reconocimiento hacia los hijos bastardos y la defensa de sus derechos
de herencia, la imposición de penas para los violadores, la
posibilidad de abortar y la prohibición de la prostitución forzosa.
Además, se encargó de crear planes de rescate para jóvenes que
habían sido prostitutas, rehabilitándolas para otros oficios.
Tambien promulgó leyes que permitieran que las mujeres pudieran ser
propietarias y heredar sumas de dinero o propiedades y además mejoró
el sistema de atención a la salud femenina.

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